Cada día tenemos acceso a un aluvión de información sobre alimentos y formas de alimentarnos. Pero no todo lo que nos llega es cierto, correcto o adecuado. Por eso, este profesor de biotecnología en la Universidad de Valencia, ha escrito el libro “¿Qué es comer sano?” (Ed. Destino) donde con 101 preguntas responde a las dudas más frecuentes y desmonta los mitos que, en muchos casos, se han instalado en la sociedad.
“Un consumidor informado es más difícil de engañar”, asegura en una entrevista con EFESalud, y por tanto “lo tiene más fácil para seguir una dieta equilibrada, hábitos de vida saludables y llevar un control de gasto doméstico” ya que, en su opinión, “comer sano no es más caro”.
Propone recurrir a productos frescos (verduras, frutas, pescados, legumbres…) frente a los envasados “con etiquetas o apellidos” como enriquecido, ecológico, sin conservantes, tradicional…”que son poco efectivos en la práctica”.
El investigador nos ofrece sus explicaciones sobre:
Falsas creencias sobre el agua
- Hay que beber 8 vasos de agua al día: Falso . “Tenemos que beber el agua que necesitemos, que puede ser más o puede ser menos que esos ocho vasos del mito. Hay que guiarnos por la sed que tengamos y tener en cuenta casos especiales”.
- Es más sano beber agua embotellada. Falso con excepciones. El agua corriente es segura, aunque hay gente a la que no le gusta el sabor. En determinados países es mejor beber embotellada. Otra cosa es la llamada agua cruda, la que brota directamente de la tierra, de manantiales y fuentes que puede estar contaminada y no se debe beber.
- Beber agua de mar previene enfermedades. Falso, ya que más bien puede ocasionarlas por su alta concentración de sales y por la concentración de microorganismos.

Calorías y azúcares
- Los productos light no engordan. Falso. La ley fija que se puede etiquetar un producto como light si contiene menos del 30% menos de calorías que el producto similar, pero eso no quiere decir que no engorde. El problema es que el consumidor crea que puede comer más porque no engorda.
- La miel es más sana que el azúcar. Falso. La miel es una solución acuosa concentrada de azúcares con cantidades mínimas de vitaminas y minerales. El efecto para la salud y para los michelines son similares tomando azúcar que miel.
- El sabor dulce nos atrae por cuestiones genéticas. Algo con sabor dulce era para nuestros antepasados indicación de un alimento rico en calorías y servía para almacenarlo en forma de grasa y tener reserva para el invierno. Ahora, la atracción por el dulce ha perdido su sentido evolutivo pero sigue estando ahí y la industria abusa de ello con el azúcar como ingrediente en la composición de muchos alimentos.
- El pan integral no engorda. Falso. Es una fuente de fibra pero no hay que olvidar que en su mayor parte sigue siendo harina, aunque engorde menos y aporte diferentes nutrientes.
Leche, un alimento válido
- Todos los adultos son intolerantes a la lactosa. Falso. Hay gente que con la edad pierde la capacidad digerir la lactosa y se convierte en intolerante y sufre molestias digestivas. Pero no todos. Y si se deja de tomar lactosa sin ser intolerante, se para la producción de esta enzima y, cuando se vuelve a tomar leche con lactosa, esta nos puede sentar mal.
- Leche cruda es mejor. Falso y muy peligroso. Le leche sin tratar es un un alimento muy inestable donde los microorganismos crecen con facilidad, por lo que debe pasar por procesos o tratamientos que acaben con ellos.
- Las leches vegetales son leches. Falso. En ningún caso una leche vegetal sustituye a la leche real en cuanto a propiedades nutricionales. La leche es un alimento completo y las alternativas, no.
Carne y pescado
- La carne roja es cancerígena. En el cáncer influyen diferentes factores, pero es aconsejable la moderación y no abusar de la carne roja.
- En las hamburguesas ponen más cosas además de la carne. La burger meat es un derivado cárnico que puede contener otros ingredientes y aditivos. Desde el punto de vista sanitario no supone ningún peligro, pero nutricionalmente no son de calidad.
- Comer pescado es tóxico por el mercurio que contiene. Verdadero en parte. El contenido de mercurio en el mar, en términos absolutos, es mínimo pero en los peces, a través del consumo de placton, se va acumulando. Respecto a la toxicidad, estudios poblaciones demuestran una mayor cantidad de mercurio en personas que consumen pescado que en los que no, pero no se han podido detectar correlaciones con peores niveles de salud.
- El pescado tiene anisakis: Cierto, pero evitable. El cocinado del pescado o la congelación durante 24 horas antes de ser servido evita los problemas gastrointestinales provocados por este parásito.

Los mitos más verdes
- La fruta es mejor tomarla antes de la comida: No es cierto que antes de comer la fruta se digiera mejor y engorde menos. La ventaja es que incrementa la saciedad y puede que comas menos.
- Un zumo detox elimina toxinas. Falso. Se trata de una dieta con poca base científica. Aunque en cualquier alimento o bebida hay moléculas tóxicas, tenemos un hígado y dos riñones que las elimina a través de la orina, un detox gratuito y no los zumos envasados que venden. En cualquier caso, siempre es mejor la fruta entera, con la fibra, que un zumo, aunque sea natural.
Los supermitos de moda
- Kale y brócoli, dos bombas de vitaminas y minerales. Cierto, son alimentos muy ricos. El kale tiene mucha fibra, pocas calorías y muchas vitaminas y minerales, pero su textura es rasposa y un sabor que no a todos gusta. El brócoli es al contrario, su sabor va parejo con su alto poder nutritivo.
- Las bayas de goji sirven para todo. Falso. Este mito nació con un aura mística asociada a la longevidad en el Tibet y con una gran proyección de mercado por sus, decían, propiedades casi mágicas. Pero sus cualidades son similares a las de cualquier otra baya o fruta del bosque.

Por lo tanto, “hay que vaciar la nevera de mitos y llenarla de alimentos sensatos. El problema es el exceso de información y la información alarmista”, concluye Mulet, autor del blog “Tomates con genes” y de otros libros como “Medicina sin engaños” o “Transgénicos sin miedo”.



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