En una conversación telefónica con EFEsalud con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, Gómez cuenta su historia. Historia de cómo durante cerca de 20 años ni su familia ni él hablaron del suicidio de su hermano, del que ni siquiera hay fotos en la casa familiar, y se agarraron al silencio.
Él lo ha roto, pero ni sus padres ni sus hermanas han dado el paso.
«Disimulábamos que estábamos bien»
«Lo que hicimos fue algo bastante común y frecuente, no hablar, no hemos vuelto a hablar de mi hermano ni del suicidio, y lo que hizo esa estrategia fue generar un tabú y un estigma porque, evidentemente, todos lo pasamos mal, nos sentíamos culpables y disimulábamos que estábamos bien», afirma el periodista.
No mintieron a su entorno en cuanto a la muerte por suicido de su hermano, pero sí lo hicieron a la hora de fingir que estaban bien. De hecho, él le dijo a sus amigos un mes después que estaba «como una rosa». Meses más tarde vino el bajón e incluso él se tenía que salir de clase.
«Me acuerdo que una vez me pilló un amigo fuera de clase y le dije que había ido a por fotocopias», recuerda.
El primer paso
Todo cambió cuando hace unos años Gómez leyó en un medio de comunicación una entrevista a la impulsora de DSAS (Después del Suicidio-Asociación de Supervivientes), Cecilia Borrás, quien perdió a su hijo por suicidio.
En ese momento supo que existía esa asociación con familiares de muertos por suicidio y se quedó con el runrún. Pero no fue hasta años después cuando se decidió a escribirles. Tuvo respuesta y le dijeron que había muchas personas que como él sufrían duelo tardío, así que se animó a acudir a un grupo de duelo de esta entidad.
Los grupos de duelo, explica Gómez, son «una maravillosa herramienta» en la que cada uno que ha pasado por una experiencia de esas características cuenta su caso, lo pone en común con más personas (entre ocho y diez). Se plantean temas, y se puede compartir y contar lo que uno desea.
«Nadie te obliga a hablar pero se supone que vas para compartir algo de tu caso. A veces nos podemos soltar un poco en cuanto a consejos pero no hay ni reproches ni críticas. Se crea una dinámica maravillosa. Lo que cuentas ahí cuesta muchísimo compartilo fuera, es como si dentro hiciera calorcito y fuera, frío», afirma el periodista.

Alivio y paz
La primera vez que rompió el silencio sobre el suicidio de su hermano sintió alivio, paz. No contó ni más ni menos de lo que quería contar ese día, que era que llevaba mucho tiempo echándole de menos y que valía la pena recordar las cosas bonitas que compartió con él.
«Cosas que aparecen en los álbumes que ya nadie abre en casa. A mí, en ese círculo, me gustaba contarlas», reconoce Gómez, que no se separa de un bolígrafo de su hermano, y cuida con muchísimo mimo para que ni se le pierda ni se le estropee.
Dar el paso de romper el silencio le llevó también a escribir un libro, «Contra el silencio», lo hizo para hablar del suicidio, que es mucho mejor, apunta, que callarse y no contar absolutamente nada de esa persona que se ha quitado la vida.
En sus páginas recopila sus emociones que son similares a las de muchos de los familiares que han perdido a alguien por suicidio y manifiestan durante el proceso de duelo. También de la culpa y del enfado, que son bastante comunes.
El enfado y la culpa
En cuanto a la culpa, asegura, nunca se va. Siempre queda el «y si…» o «qué podía haber hecho para evitar esa muerte», si bien afirma que su hermano, al igual que muchas personas que se quitan la vida, no dan señales del agujero en el que han caído.
Pero el enfado con su hermano por haberlo hecho, que es un sentimiento muy común, sí que se va, y es una de las cosas que ha conseguido gracias a los grupos de duelo. No se gana nada con estar enfadado ni de responsabilizarle de tu tristeza, apunta.
«Me dejé de enfadar con mi hermano y vivo muy feliz. Yo creo que estar enfadado con una persona constantemente pesa mucho, pero es que, además, ¿qué sentido tiene? No le puedo reprochar nada porque no me puede contestar», reflexiona.
Se puede lograr
Y también celebra haber contado en el libro lo vivido junto a su hermano, porque él, Eduardo, se merecía que contara cosas suyas y no solo empezar su vida por su final.
En este sentido apunta que cuando muere una persona ilustre se habla de sus logros y casi nada de cómo ha muerto, en cambio, en una muerte por suicidio no ocurre así.

«No hace falta empezar por el final», sostiene y de hecho a él desde que rompió el silencio del suicidio de su hermano, habla de él cuando quiere abiertamente o simplemente pasa por una calle y recuerda lo que han vivido juntos.
Gómez anima a aquellos que han pasado por una experiencia similar a la suya a contarlo a sus amigos, a su entorno o a acudir a asociaciones, para, como él, romper el silencio y poder contar anécdotas de su ser querido sin dolor y con una sonrisa.
«A esas personas que no lo han hecho, que no han roto el silencio tras el suicidio de un familiar les aseguro que lo pueden lograr, porque el día que consigues contarlo, te quitas un peso de encima», resalta.
4.116 muertos por suicidio en España
Gómez afirma que cuando DSAS nació en 2013 atendió a unas 50 personas, ahora esa cifra ha aumentado hasta las 600 o 700 personas al año.
Personas que, como él, son familiares de muertos por suicidio.
El informe mensual del mes de julio del teléfono 024, de atención a la conducta suicida, recoge los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que reflejan que en 2023 el suicidio fue la segunda causa de muerte externa en España, con 4.116 muertes, lo que supone una reducción del 2,6 % respecto a 2022.
En cuanto a los datos concretos de las llamadas a este servicio telefónico gratuito en el mes de julio -últimos datos disponibles- ascendieron a 13.664.
Alrededor del 87,8 % de quienes llaman son personas que tienen ideas suicidas en mayor o menor grado siendo el 5,3 % familiares y el 5,2 % allegados, que llaman para pedir información o demandar apoyo por un duelo por suicidio, entre otros.
Así, el 10,5 % de las personas que llaman tienen familiares o allegados con ideación suicida o que sospechan de ello, incluso personas que han perdido a alguien por suicidio.
Por ello, el Ministerio de Sanidad, subraya en el boletín mensual que «es fundamental crear entornos propicios que equipen a la población con las herramientas necesarias para escuchar y abordar adecuadamente este tipo de problemáticas cuando surjan en su entorno».
En Europa
En Europa, cada año mueren alrededor de 47.000 personas por suicidio, con una tasa de 10,2 por cada 100.000 habitantes, y aumenta constantemente, según señala Sanidad en el boletín de esta línea telefónica , alcanzando su valor máximo en mayores de 85 años.
La tasa de suicidio en hombres en la UE es cuatro veces superior que en mujeres. Además, es una de las principales causas de muerte entre adolescentes y personas jóvenes adultas.
Según datos de 2021, en Europa el suicidio fue la primera causa de muerte en personas de entre 15 y 29 años, con 5.038 fallecimientos, y la tercera causa en el grupo de 30-44 años, con 8.828 suicidios.



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