A continuación, repasamos qué es la ablactación, cuándo comenzarla y errores comunes en la introducción de sólidos.
¿Qué es la ablactación y por qué es tan importante?
Según la Asociación Española de Pediatría (AEP), la ablactación, también conocida como alimentación complementaria, es el proceso de introducción gradual de alimentos distintos a la leche (materna o de fórmula) en la dieta del lactante.
Esta práctica es clave porque cubre las necesidades nutricionales crecientes del bebé, fomenta el desarrollo de habilidades alimentarias (como la masticación) y previene deficiencias nutricionales. Además, es una oportunidad para establecer hábitos alimentarios saludables desde los primeros meses.
¿Cuándo empezar la alimentación complementaria?
La AEP asegura que la alimentación complementaria debe comenzar alrededor de los 6 meses, manteniendo la lactancia materna exclusiva hasta entonces.
En algunos casos, como lactancia artificial o mixta, puede iniciarse entre los 4 y 6 meses, pero nunca antes de los 4 meses. La decisión debe tener en cuenta el desarrollo del bebé y sus señales de preparación.
Primeros alimentos recomendados por pediatras
La AEP afirma que no hay un orden estricto, pero los pediatras recomiendan introducir alimentos naturales y variados como:
- Verduras y frutas frescas.
- Carnes magras (pollo, ternera), pescado y huevo.
- Cereales (mejor sin azúcares añadidos).
- Legumbres (como lentejas o garbanzos).
Se deben evitar zumos, azúcar, sal y productos ultraprocesados.

Señales de preparación en el bebé
La Asociación Española de Pediatría (AEP) señala que algunas señales de que el bebé está listo para comenzar con sólidos incluyen:
- Sostener la cabeza y sentarse con apoyo.
- Mostrar interés por los alimentos que comen los adultos.
- Disminución del reflejo de extrusión (no empuja la comida con la lengua).
- Coordinación para llevarse objetos a la boca y masticar.
Errores comunes en la introducción de sólidos
- Empezar antes de los 4 meses.
- Forzar al bebé a comer o ignorar sus señales de saciedad.
- Introducir alimentos ultraprocesados, azucarados o salados.
- Retrasar innecesariamente alimentos potencialmente alergénicos (como huevo o pescado).
- No avanzar en las texturas, manteniendo papillas demasiado tiempo.



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