Jóvenes, embarazadas, personas con obesidad o pacientes psiquiátricos son algunos de los grupos especiales en los que los médicos pueden necesitar centrarse, cada uno con sus especificidades, según recoge el protocolo Reverse para dejar de fumar presentado este jueves.
1) El primer paso es el de la recepción y evaluación inicial, en el que los doctores deberán crear un ambiente de confianza y receptivo para abordar el cambio de comportamiento deseado.
2) Evaluación de hábitos y dependencia: debe recopilarse información sobre el historial de tabaquismo del paciente a través de test como los que cuantifican el grado de dependencia (por ejemplo en función de cuándo se enciende el primer cigarrillo del día).
3) Valoración médica integral: El examen físico detallado y una revisión de los antecedentes médicos del fumador permitirán identificar posibles enfermedades relacionadas o agravadas por el tabaquismo, como enfermedades cardiovasculares, respiratorias o cáncer, así como ver qué fármacos consume.
4) Establecer la fase de cambio, en función de dónde se encuentra el paciente, si reconoce o no que tiene un problema, si pretende resolverlo en algún momento, o incluso ya ha intentado dejarlo, con éxito o sin él.
5) Recomendación del tratamiento: es el momento de decidir un plan personalizado basado en la información recopilada en los pasos anteriores, con eventual tratamiento farmacológico, apoyo psicológico y conductual, así como estrategias de prevención de recaídas.
6) En materia de conducta, y antes de llegar al ‘día D’ elegido para dejarlo, se sugieren cosas como no fumar ‘en automático’, no fumar donde hace vida o en sitio cómodos, comunicar al entorno la decisión y cambiar rutinas como dejar de fumar dentro del coche o no leer, mirar el móvil, ver la televisión ni charlar mientras se fuma, poner los cinco sentidos en el cigarrillo.
7) Mantener un contacto continuo con el paciente para ver su progreso y hacer ajustes necesarios al plan de tratamiento.

El protocolo de SEMERGEN para dejar de fumar está diseñado para adaptarse a poblaciones especiales también: fumadores con cardiopatía o EPOC, jóvenes que pueden pensar erróneamente que los vapeadores no son nocivos para la salud, embarazadas, fumadores con obesidad que a menudo recaen por el aumento de peso que puede conllevar dejar de fumar, o personas con una patología psiquiátrica.
En este último caso, como recuerda el informe, el proceso debe abordarse cuando el paciente se encuentre en una fase estable de su enfermedad. Aún así, aunque hasta no hace mucho tiempo se pensaba que el abandono del tabaco se asociaba a empeoramiento de enfermedades psiquiátricas, la evidencia actual indica que los síntomas no solo no empeoran, sino que mejoran al abandonar el tabaco.



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