Tras más de ocho años de trabajo, hace tres meses vio la luz este Diccionario Panhispánico de Términos Médicos, el primero con un lenguaje médico común, que ha impulsado la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME) y la Asociación Latinoamericana de Academias Nacionales de Medicina de España y Portugal (ALANAM).
Se trata de una obra digital, navegable y de acceso libre con más de 70.000 términos de Medicina que facilita la comunicación entre la población y los profesionales sanitarios de ambos lados del Atlántico en un mundo cada vez más globalizado.
Del total de términos, el 95 % es común, son términos más científicos y técnicos, y solo un 5 % presenta variabilidad. “Es un lenguaje más cotidiano, como los síntomas, las enfermedades comunes u objetos”, indica a EFEsalud la lexicógrafa Cristina González, coordinadora de la Unidad de Terminología Médica de la RANME.
“Cuando una persona se enferma habla en su idioma materno y es el que utiliza para decirle al médico lo que le pasa y ese lenguaje hay que preservarlo”, subraya el profesor José Miguel García Sagredo, codirector del Diccionario Panhispánico de Términos Médicos.
De ahí que se necesiten consensuar términos como romper la fuente (romper aguas), ojo flojo (ojo vago); trapicarse (atragantarse); pupilente (lentes de contacto) o gotario (cuenta gotas).
“El consenso se centra en la definición del término”, señala el profesor.
“No hay un término -añade Cristina González- que sea preferible al de otro país. Lo que sí tratamos es de consensuar entre todos el más común, pero respetando muchísimo la variabilidad de cada uno”.

Si busco mascarilla…¿Qué encuentro?
Un ejemplo de término con clara variabilidad es “mascarilla”. Si lo buscamos en el diccionario ofrece sus sinónimos de acepción (barbijo, cubrebocas, tapabocas…incluso máscara, aunque este es un vocablo desaconsejado por los expertos).
También se incluye, en otras, su equivalente en inglés (mask), los países de uso plasmados en un mapa, incluso una nomenclatura o código que llevan aparejados todos los términos médicos y que puede ayudar, por ejemplo, a ampliar los términos relacionados en un trabajo de campo.
“Si hay términos dentro de la definición que el usuario no entiende y están a su vez en el diccionario, pincha y le lleva a la otra definición”, explica la lexicógrafa.
Además de la búsqueda sencilla, hay una búsqueda en inglés (pero la respuesta es la traducción en español) y una búsqueda avanzada que permite posibilidades más precisas como, por ejemplo, localizar términos desaconsejados, otros que provengan de otros idiomas, o qué términos se usan en unos países o en otros.
Anglicismos: mejor su equivalente en español
El lenguaje científico y técnico utiliza el inglés como idioma de intercambio científico internacional pero eso no significa que los anglicismos se incorporen al español sin que antes se adapten a la morfología, ortografía y gramática, igual que ocurre con los neologismos (nuevas palabras).
“Una tarea importante es detectar inmediatamente que ha surgido una palabra o un término nuevo en inglés y ofrecer la traducción inmediata en español”, afirma el codirector del Diccionario Panhispánico de Términos Médicos.

El arduo trabajo entre las academias de Medicina de España, Portugal y de América (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela) también ha llegado a un consenso sobre los anglicismos: donde exista una alternativa en español, se recomienda por encima del término en inglés.
Mejor hablar de gripe que de influenza o flu o es más aconsejable usar “proteína de la espícula” que “proteína spike” en referencia al coronavirus.
Pero hay casos en los que no ha sido posible y se ha mantenido el uso del término en inglés dado su extendido uso. Es el caso de los bracket o aparatos dentales fijos.
“No ha triunfado un modo de llamarlo en español. Por eso nuestra intención ahora es estar muy pendientes de la detección de las nuevas palabras para incidir y proponer el término en español antes de que se consolide en inglés”, señala Cristina González.
Términos más complicados o controvertidos
En estos años de trabajo, también ha habido alguna piedra en el camino. La pandemia de coronavirus de 2020 irrumpió también en el Diccionario Panhispánico de Términos Médicos.
“Los términos entraron a una velocidad vertiginosa” en una época de confinamiento y teletrabajo, pero no hubo problemas de consenso y un ejemplo fue que la enfermedad generada por el virus SARS-CoV-2 se denominara la covid, en femenino, recuerda la lexicóloga.
El profesor José Miguel García Sagredo también menciona la viruela del mono, que la Organización Mundial de la Salud recomendó denominar Mpox.
“Lanzamos una encuesta y todas las academias coincidieron en que en nuestros países viruela del mono no conllevaba ningún problema peyorativo, además de ser más claro en español” que Mpox, apunta el también médico especialista en genética.
Una coordinación enriquecedora
Este Diccionario Panhispánico de Términos Médicos empezó su andadura hace más de ocho años fruto de una obra colectiva de trece academias de Medicina que contó con el conocimiento de especialistas biomédicos junto a lexicógrafos, etimólogos, traductores, informáticos y expertos en codificación, entre otros.
“Una labor de coordinación que ha sido bastante compleja, pero también muy enriquecedora”, señala la responsable de la Unidad de Terminología Médica de la RANME, donde se centralizó la información.

Cristina González, coordinadora de la Unidad de Terminología Médica de la RANME. EFE/Ana Soteras
“Nosotros nos dedicamos a hacer el esqueleto de esa palabra, le ponemos la etimología, el equivalente inglés, una codificación, si la hay, decidimos cuántas acepciones tiene y decidimos también cuál es el término que consideramos correcto desde el punto de vista lingüístico, un término que sea vernáculo en español”, explica la experta.
Después se busca un definidor, que es un especialista médico, y después revisan otros especialistas en otras materias, como un farmacólogo, un oncólogo etc.
A continuación se abre un proceso de validación de los miembros de la academia española y se envía a las otras doce academias americanas para que presenten las variables que se utilizan en sus países y se llegue a un consenso. Un trabajo que se sustenta en herramientas informáticas que lo facilitan.
El diccionario es una herramienta viva, en continua actualización, que sirve no solo para el médico en la consulta o el estudiante de Medicina, también para otros perfiles profesionales y particulares que quieran hacer sus consultas de forma libre en este diccionario.
Y en un futuro la inteligencia artificial puede contribuir a detectar nuevos términos pero, a su vez, “la terminología que tiene el diccionario puede ayudar precisamente a ese contraste de veracidad que debería de tener la inteligencia artificial cuando se le pregunta o se utiliza como herramienta para cualquier proceso dentro del mundo real”, opina el profesor.
En tres meses de existencia, el Diccionario Panhispánico de Términos Médicos ha recibido más de 300.000 visitas, la mayoría desde España seguida por Argentina, Estados Unidos y México.
¿Algún término preferido? «El chileno arsenaleros», contesta la lexicógrafa de Real Academia Nacional de Medicina de España. “Son los enfermeros instrumentistas y me parece un término bonito porque es metafórico, es como una batalla que se va a librar en el quirófano”.
A uno y otro lado del Atlántico un idioma y una medicina compartidas en beneficio de la relación médico-paciente pero también en aras de la investigación, la divulgación, la traducción y la docencia en un mundo de más de 500 millones de hispanohablantes.



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