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La enfermera de emergencias Carmen Casal, junto a un compañero, en un puesto de asistencia sanitaria de Paiporta (Valencia) tras la dana. Foto cedida

Carmen, enfermera de emergencias: «La dana nos devastó, pero sentía que tenía que estar ahí»

Carmen Casal, con 29 años de experiencia como enfermera de emergencias, nunca había vivido nada igual a la dana que el 29 de octubre de 2024 arrasó varias localidades valencianas: “Nos devastó por completo, pero yo sentía que tenía que estar ahí”, relata en una entrevista con EFE Salud.

Esta enfermera del Servicio de Ayuda Médica Urgente de la Comunidad Valenciana, el SAMU, cuando llegó a la zona cero de la dana, a Paiporta, dos días después de la catástrofe, se quedó impresionada por el silencio: “La gente estaba callada, intentando quitar el barro con lo que tenían en las manos, con lo que podían, algunos descalzos”.

“La visión fue desoladora, no te la quitas nunca. Estábamos todos en shock”, recuerda un año después de las inundaciones que se cobraron 229 víctimas mortales en la provincia de Valencia y arrasaron la normalidad de miles de personas al destrozar viviendas, negocios, colegios, centros de trabajo… Casi todo.

Entró en Paiporta y vió coches apilados que llegaban a la altura de un cuarto piso y calles llenas de barro por las que apenas se podía transitar: “No podías llegar a esas puertas cerradas, no podíamos acceder y no sabíamos qué había detrás y eso para una enfermera de emergencias es muy duro porque necesitas llegar a los que lo necesitan. Fue muy impactante”.

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Vecinos y voluntarios limpian de barro una calle de Paiporta tras la dana. EFE/Biel Aliño

La impotencia de una mujer

La primera asistencia de Carmen no fue precisamente médica. Tuvo que ayudar a una mujer que, aunque estaba limitada por su estado físico, quería ayudar y entró en un estado mental de desesperación que podía transformarse en un intento de autolesión.

“Esa mujer necesitaba desahogarse, llorar y encontrar un hombro”, relata la enfermera que consiguió que la mujer se sintiera útil haciendo bocadillos para los que estaban sobre el terreno intentando contrarrestar los efectos de la dana.

“Con la mirada nos dijimos: Tenemos que estar aquí

A los poco días, Carmen Casal volvió de forma voluntaria con el SAMU y estuvo trabajando en un hospital de campaña que se levantó en Paiporta, atendiendo a las víctimas de la dana pero también a los voluntarios que se dañaban en las labores de desescombro y recuperación de la zona.

“Recuerdo que me encontré con una enfermera que conocía, iba de barro hasta arriba y con una pala. Nos miramos, nos sonreímos y solo con la mirada nos dijimos: Tenemos que estar aquí”, comenta la también vicepresidenta tercera de la Sociedad de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), en representación de la sección de enfermería.

La sanitaria relata que unos quince días antes de la dana había perdido a su madre de forma inesperada: “No podía estar en mi casa haciendo mi duelo personal, yo sentía que tenía que estar ahí ayudando”.

Y se emociona cuando recuerda a muchas enfermeras de los centros de salud, algunas incluso ex alumnas suyas, que cargaron con una mochila provista de primeros auxilios para ir de casa en casa dando ayuda y creando distintos puestos de socorro.

A un kilómetro, la gente hacía vida normal

También profesora de la Facultad de Enfermería y Podología de la Universidad de Valencia, el 29 de octubre de 2024 Carmen estaba en su despacho hasta que la desalojaron después del mediodía por la alerta por lluvias.

“Por la tarde, mi marido llegó de la zona de Ribarroja y dijo que había inundaciones, que la gente se estaba ahogando. La alerta no llegó hasta pasadas las 8 de la tarde”, rememora.

“Había un contraste brutal, en Valencia, a un kilómetro, la gente estaba haciendo vida normal porque no había llegado esa catástrofe. Pero cruzabas el puente y la situación era de guerra”.

Ese puente, llamado de la Solidaridad, fue el que cruzaron cientos de voluntarios, armados con escobas, botas y palas, para quitar barro y poder ayudar a la población.

“La labor de los voluntarios fue excepcional. Ahí se vio el sentir del pueblo valenciano. Como valenciana me siento muy orgullosa de ser parte de ese voluntariado que dio muchas lecciones a las ayudas oficiales que llegaron después”, afirma.

Vista de los mensajes de apoyo en la pasarela peatonal que conecta Valencia con su pedanía de La Torre y que ha sido denominado como Puente de la Solidaridad con voluntarios que ayudaron a las tareas de limpieza tras la dana. EFE/ Ana Escobar

El personal de emergencias necesita ayuda psicológica

Carmen Casal considera que el personal de emergencias necesita ayuda psicológica por las continuas situaciones que viven. Ella, sin ir más lejos, estuvo atendiendo a las víctimas del accidente de metro de Valencia en 2006: “He visto casi de todo, he atendido a personas en el peor momento de su vida y he llegado a casa destrozada”.

En algunas comunidades autónomas, como la valenciana, no ofrecen un servicio de apoyo psicológico a sus sanitarios: “Los compañeros siempre decimos que necesitamos tener una habitación sólo para llorar y para desahogarnos” por vivir experiencias como la de la dana, pero también como la que padecieron durante la pandemia de covid.

Y ese apoyo psicológico, que tienen que pagar de su bolsillo, muchas veces lo suple la familia, pero sobre todo otros compañeros: “Descargo mi mochila con ellos”, afirma.

Pero aplaude que hablar de la salud mental de los sanitarios esté dejando de ser un tabú: “No tenemos que ser superheroínas y supermanes. No podemos con todo, somos humanos”.

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La enfermera de emergencias y vicepresidenta tercera de SEMES, Carmen Casal, ante una ambulancia del SUMA de Valencia. Foto cedida

Trabajamos en entornos hostiles

Las enfermeras de emergencias son personas con sensibilidad pero también con cabeza fría para trabajar con rapidez y seguridad ante situaciones límite y en tiempo récord.

“Tenemos que trabajar en entornos hostiles, desde un accidente de tráfico o una asistencia en un domicilio que no conocemos. No estamos en el box de urgencias del hospital”, sino que trabajan en el lugar del siniestro o en la ambulancia. El trabajo en equipo es la clave .

Actualmente no hay una formación homogénea en urgencias y emergencias, “cada uno se busca la formación como quiere o como puede, según las posibilidades económicas o las que le brindan la comunidad autónoma o las sociedades médicas”, explica la enfermera.

Por eso, desde la Sociedad Española de Urgencias y Emergencias defienden que haya una especialidad en enfermería que facilite la misma formación a través del acceso a través de las pruebas de acceso EIR (Enfermero Interno Residente).

Y están a la espera de que el Ministerio cree está especialidad, aunque defiende que sea única de emergencias extrahospitalarias y no mixta con las unidades de cuidados intensivos ya que “diluiría nuestras competencias”, defiende la vicepresidenta de SEMES.

Regreso a la zona cero, un año después

Para la enfermera, una de las lecciones extraídas de la dana fue la importancia que tiene conocer a tu vecino y poder saber quién está impedido, quién no va a poder reaccionar y poder ayudarse unos a otros.

Un año después, la enfermera Carmen Casal ha regresado a la zona cero de la dana, a Paiporta, que está resurgiendo: “Entro con respeto y los miro con admiración porque los he visto resurgir del barro. Todos ellos son los héroes”.

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