Han tenido que pasar siete décadas para que se reconozca internacional y públicamente el legado de Henrietta Lacks, una mujer negra estadounidense que murió de cáncer de cuello de útero, y cuyas células han salvado innumerables vidas y han hecho posible destacados avances científicos, como las vacunas contra el virus del papiloma humano y la poliomielitis, los medicamentos para el tratamiento del VIH, la investigación sobre el cáncer y ahora la COVID-19...